sábado, 19 de septiembre de 2015

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) es una escritora argentina, egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA.
Su libro de cuentos El núcleo del disturbio (2002) ganó el primer premio del Fondo Nacional de las Artes 2001.
Algunos de sus cuentos ya se encuentran traducidos al inglés, el francés, el alemán y el sueco. Su segundo libro de cuentos, Pájaros en la boca (2009), obtuvo el Premio Casa de las Américas 2008.

Distancia de rescate
Esta novela logra combinar el registro psicológico con la denuncia social y el relato fantástico, todo inmerso en un ambiente extraño, siniestro. La maestría de Samanta se desarrolla justamente en esta línea, logrando crear una atmósfera desesperante (casi, podríamos decir, irrespirable) con un número limitado de elementos cotidianos y en apariencia banales. Lo monstruoso, lo trágico y lo irremediable está en lo trivial, en lo común de todos los días. Unas simples vacaciones en una casa de campo se convierten en una pesadilla que pone a prueba la tolerancia del lector. La muerte (o incluso algo peor) está al acecho, y la voluntad de las personas no puede hacer mucho para mantenerla lejos.

Pájaros en la boca - Samanta Schweblin
Entre la noche insomne y la vigilia los cuentos hipnoticos de Pajaros en la boca horadan lo real con una crueldad aterradora. Crudos extranos insolitos: lo raro se impone en ellos a veces con una sospecha trivial y silenciosa. Otras con una densidad violenta e irreversible como en una pelicula de David Lynch o en una pesadilla kafkiana. Un hombre bajito, que atiende la barra de un bar sabiendo que en el trastero la muerte lo está esperando, unas mujeres vestidas de novia que confabulan en una carretera de noche, un trabajador honesto y loco, que cava un pozo como queriendo hurgar las raíces de la tierra, la mirada extraviada de un niño que no recuerda el sabor del azúcar , un anciano que se deleita con juguetes y un perro que agoniza en el maletero de un coche sin saber que su sacrificio será inútil.

Las casas son siete, y están vacías. La narradora, según Rodrigo Fresán, es «una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca». Y la cordura, como siempre, es superficial.
Samanta Schweblin nos arrastra hacia Siete casas vacías y, en torno a ellas, empuja a sus personajes a explorar terrores cotidianos, a diseccionar los miedos propios y ajenos, y a poner sobre la mesa los prejuicios de quienes, entre el extrañamiento y una «normalidad» enrarecida, contemplan a los demás y se contemplan.
La prosa afilada y precisa de Schweblin, su capacidad para crear atmósferas densas e inquietantes, y la estremecedora gama de sensaciones que recorren sus cuentos han hecho a este libro merecedor del IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero.

El núcleo del disturbio
Trenes cuyo destino es seguir siempre de largo, perros que son el espejo de lo humano metamorfoseado, mujeres en cofradía al borde de una ruta, la muerte viajando en la valija de un asesino, un bar suburbano que desvela el sueño de sus parroquianos: historias donde los personajes intentan imposibles salidas para el núcleo de un disturbio inesperado, o ensayan un escape en la grieta imperceptible de la realidad.
Nombrar lo kafkiano es ya en sí mismo un guiño cómplice, una contraseña inmediata arrojada a la inocencia de quien se dispone a leer, pues bien, la verdad que se abisma en esta escritura refuerza aquel adjetivo paradigmático: su condición de ser está anclada en la categoría de la espera, como en las pesadillas de Kafka, como en el lenguaje de Beckett.
Descarnados, violentos, esperanzados, onirícos, desesperados, absurdos hasta la comicidad nerviosa del involuntario testigo de una verdad feroz, los cuentos de Samanta Schweblin perturban poéticamente la comprensión del mundo.

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