domingo, 15 de junio de 2014

Gabriela Margall

Gabriela Margall nació en Buenos Aires en noviembre de 1977. Al egresar de la escuela secundaria, no dudó de que su interés era la historia y se inscribió en la Universidad de Buenos Aires, en la carrera de Historia, de la que egresó, años después, graduada con honores. En sus años de estudio descubrió su interés por la historia argentina de principios del siglo XIX y se propuso escribir novelas de ambientadas en aquella época.
En diciembre de 2006 publicó su primera novela, Si encuentro tu nombre en el fuego.

Si encuentro tu nombre en el fuego
La historia suele olvidar las historias de los hombres y mujeres que participan en ella. A principios del siglo XIX, Gran Bretaña encabeza la lucha contra Napoleón Bonaparte. Los ejércitos británicos conquistan extensos territorios y sus espías, hombres solitarios que trabajan para la corona británica, sirven a ese propósito. William Burton es uno de esos hombres: capitán del regimiento 71 de Cazadores escoceses, temerario, aventurero y sin familia ni pasado por el que responder. Se han infiltrado en los despachos de los más altos políticos europeos y en las recámaras de algunas de sus mujeres. Es por eso que, cuando lo envían a Buenos Aires, la misión le sabe a castigo: una ciudad alejada de todo, incluso de las delicias mundanas las que estaba acostumbrado. No intuye que es allí donde va a tropezarse con Paula Yraola, una joven capaz de cambiar sus pensamientos y hasta de devolverle su pasado.
Paula forma parte de la sociedad porteña y los hombres más ilustres de la ciudad la consultan en su biblioteca, prendados de su belleza. A pesar de estar comprometida con un rico comerciante de Buenos Aires, cuando se tropieza con William, sus convicciones tambalean. Desde siempre ha creído en la libertad de los pueblos: ahora tiene que creer en la libertad de amar a quién desea. Aún si ese hombre es un invasor ingés.
La historia suele olvidar las historias de los hombres y mujeres que participan en ella: esta es su historia.

Con solo nombrarte
En 1806, los ingleses invadieron la ciudad de Buenos Aires en busca de nuevos mercados para sus productos. El capitán Martín Olivera viajó desde Montevideo para ayudar en la defensa de la ciudad. Allí conoció a Jimena Torres, una joven comerciante, a la que nombró sargento, deslumbrado por sus dotes de mando. En la noche previa al enfrentamiento, el miedo asaltó a la sargento Torres y fue la calidez de los ojos color almendra del capitán Olivera la que le otorgó el temple para la batalla. Al año siguiente, los británicos, disconformes con la derrota de 1806, regresan al Río de la Plata por más y toman Montevideo. Impedido de continuar en su ciudad, el capitán Olivera debe instalarse en Buenos Aires. Hijo de una de las familias más prominentes de la Banda Oriental y hábil comerciante, Martín se convierte enseguida en un hombre muy codiciado por las porteñas. Sin embargo, se reencuentra con Jimena Torres, se asocian para hacer negocios juntos y se enamoran. Pero Olivera no puede aceptar que la mala reputación de Jimena por dedicarse al comercio empañe su apellido y la conmina a elegir entre su profesión o él. Decepcionada, ella jura no volver a verlo. Una vez establecidos en Montevideo, los ingleses deciden lanzarse a tomar Buenos Aires. Ante la inminencia de un enfrentamiento, Martín deberá recurrir a Jimena y dejar de lado su orgullo, para poner a salvo a su familia. Otra vez un combate los reunirá y otra vez deberán arriesgarse para defender a la ciudad. El mismo riesgo que se asume cuando un capitán y una sargento se atreven a vivir una historia de amor.

Los que esperan la lluvia
Hay gestos imperceptibles, que suceden a la vista de todos y que, sin embargo, son secretos. Un amor entre un esclavo y una joven de sociedad en la Buenos Aires de 1810 es otra forma de revolución: íntima, privada, dicha casi en un susurro. Frente a las mayúsculas de la semana de mayo, de los próceres, Gabriela Margall nos ofrece una novela que se detiene en el detalle, en lo que permanece al margen de la historia, pero que, a su vez, la recrea: con las contradicciones de quienes proclaman la libertad, pero no pueden concedérsela a los suyos; con las contradicciones de una sociedad que quiere cambiar, pero que no se atreve a hacerlo del todo. Narrada con una prosa lírica y descarnada a la vez, Los que esperan la lluvia le da voz a aquellos que pasan imperceptibles por nuestra historia: como el repiqueteo de una tormenta, como el sonido de tambores que suenan a los lejos.

Lo que no se nombra
En la Argentina próxima al Centenario, las familias acaudaladas desean formar parte de un linaje. Se han trasladado del sur al norte de la ciudad, olvidando las casas que los vieron nacer y, con ellas, el origen de sus familias. Sus ojos están fijos en Europa y en imitar un refinamiento que les es ajeno. Las antiguas viviendas se han transformado en conventillos que cobijan, en la mayor miseria, a los inmigrantes que pueblan Buenos Aires sin ser vistos por la clase dirigente, que da vuelta la cara. Entre tantas cosas mantenidas en silencio, están las hijas de las familias ricas y las princesas de Buenos Aires, que permanecen en un segundo plano, sin voz ni opiniones propias, como una figura borrosa en una fotografía.

La princesa de las pampas
Entre 1851 y 1852, el gobierno del Restaurador llega a su fin. El corazón de Buenos Aires es Palermo, donde Juan Manuel de Rosas dirige hasta los deseos de su hija Manuelita mientras resiste los embates de una oposición cada vez más organizada. En 'La Inglesa', la estancia de los Evans, palpita otro país: el de la cría de mansas ovejas, el de un corazón unitario que participa secretamente en la resistencia, el de la convivencia armónica entre criados y patrones, el de un amor que no puede ser dicho y que deberá, como la patria, tomar otro destino.
Pablo Evans renuncia a sus sueños para sostener la estancia familiar, pero no renuncia al sueño de luchar por la patria que quiere. A su lado, Magdalena, una hermosa mulata de ojos claros, criada por los Evans como si fuera una hija más, enfrentará a los Colorados del Monte, desafiará todas las convenciones de la época y encontrará, casi por sorpresa, su verdadero amor. En su travesía, irá develando su verdadero origen.
Gabriela Margall pinta un fresco extraordinario de una época violenta, decisiva. Un escenario perfecto donde se gestan tanto la historia grande como la cotidiana, la secreta. Esa que se borda en la intimidad de las cocinas, las tertulias, las alcobas y las almas.

Ojos color Pampa
A fines del siglo XIX, en la Argentina que empezaba a adquirir una forma definitiva, era infrecuente que una mujer escribiera. Había, desde ya, excepciones. Voces que se destacaban, a pesar de la insularidad de su producción. Allí están Juana Manso, Rosa Guerra, Eduarda Mansilla y Juana Manuela Gorriti. A este grupo se suma ahora la historia de Amelia Saldaña. Amelia Saldaña, hija de una familia encumbrada que lo pierde todo, quiere ser escritora. Escribir, aquello que los otros ven solo como una obstinación, es lo que le permite seguir adelante. Aferrarse a la escritura es su patrimonio. Como parte del espíritu romántico de su tiempo, la vida de Amelia también será agitada, controvertida, llena de encrucijadas. En una época llena de dicotomías, nuestra escritora también encontrará las suyas: la literatura por encargo o la que se desea escribir; el amor de Alejandro, militar, o el de Juan Ignacio, literato; el silencio del seudónimo o la propia voz. Escrita con maestría, abordando la estética del folletín, la autora nos trae una novela sobre una mujer que quiere abrirse paso en un mundo de hombres, que no pretende deponer sus convicciones.

La Hija del Tirano (la continuación de La princesa de las Pampas)
A comienzos de 1852, cae finalmente el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Mientras que el Tirano viaja al exilio, los expulsados del antiguo régimen regresan a Buenos Aires. Sin embargo, muy pronto, la esperanza de una patria pacificada, libre de violencias y venganzas, se dará de bruces contra la realidad: peleas, insurrecciones y luchas fratricidas parecen no tener fin. Los Evans transitan las calles porteñas. Como muchos, han esperado con ansias esta liberación. Pero este nuevo tiempo les traerá incertidumbres y dolores profundos. No solo se juega el destino de la Confederación: es la marea de la vida que viene a cobrarse viejas deudas, a agitar los días y las noches de los que fueron habitantes de 'La Inglesa' y hoy no terminan de adaptarse a los ritmos de la ciudad.
Los tiempos han cambiado, sí. ¿Pero fue para mejor? Magdalena Ortiz de Rozas, Pablo, Laureana y Valentina Evans, Marcos, Carmelo Villafañe resistieron a los embates del rosismo, y ahora tendrán que hacerle frente al destino. A este puñado de entrañables criaturas se suma la figura del doctor Diego Varela, un exiliado en Montevideo, que reconstruirá de las ruinas su casa familiar y conocerá el amor como nunca antes. En esta nueva partida, las cartas traerán tanta fortuna como desdicha a unos y a otros. El cofre de los secretos se abrirá para dar a conocer la otra historia de Magdalena, que es también capaz de construir sobre las ruinas de su propio corazón.

La dama de los espejos. Mariquita Sánchez, una vida apasionada
Una noche de 1801, María Josepha Petrona de Todos los Santos, iba a casarse con Diego del Arco. El hombre había sido elegido cuidadosamente por sus padres, los Sánchez de Velazco. Pero ella se rehusó. Apeló al Virrey para evitar un matrimonio que iba en contra de su voluntad y lo logró. Tenía apenas catorce años.
Mariquita Sánchez se convirtió entonces en heroína de su propia historia y guía férrea de su propio corazón. Mariquita traspasó los límites impuestos por la época. Amó los libros, amó la política, amó los salones de su casa donde recibió a intelectuales, poetas, militares, patriotas. Amó a un hombre, Martín Thompson, con quien recorrió el difícil camino de la Revolución de Mayo. Cuando la felicidad le dio la espalda, amó más todavía –con locura, por error y a destiempo. Crió a sus hijos, escribió bellísimas cartas, trató como amigos a los protagonistas de su tiempo. Fue una dama francesa en Buenos Aires. Fue la más porteña de todas las damas del Río de la Plata. Fue una de las mujeres más ricas de la ciudad y fue la rebelde que mendigó un hogar en Montevideo en los años del rosismo.
Mariquita Sánchez vive en las páginas de La dama de los espejos. Muy lejos de la imagen canónica de la dama que prestó su casa para que se entonaran las estrofas del Himno Nacional, aquí vive una mujer que se entregó a la extraordinaria aventura de elegir su destino.

El secreto de Jane Austen
Laura Robles tiene un secreto. Sus amigos la quieren, la familia la adora. Es historiadora y profesora de historia, trabaja en la Universidad, tiene una beca. Pero Laura tiene un secreto. Admiradora fiel de Jane Austen, desde pequeña sueña con ser escritora. Y después de dos años de trabajo, por fin concluye una novela cuya existencia no revelará a nadie pero que le inunda el corazón de alegría.
Julián Cavallaro es un escritor y editor que ha perdido el rumbo. Vive desencantado de todo, aburrido, triste. Después de una ruptura amorosa, la vida de Julián está igual que su casa: en interminable reconstrucción.
Gracias a una serie de acontecimientos mínimos, Laura y Julián se conocen, se gustan, se enamoran. Hablan sobre Jane Austen, hablan sobre el amor, hablan sobre libros, hablan sobre el deseo y sobre la escritura. Los dos tienen el corazón con cicatrices y deberán elegir entre el miedo y la confianza. Contar secretos o protegerlos. Permanecer en soledad o amar.

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