domingo, 9 de marzo de 2014

Sylvia Iparraguirre

Nació en Junín, provincia de Buenos Aires el 4 de julio de 1947. Es profesora en Letras Modernas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Desde 1986 trabaja en el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y es investigadora del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), dedicándose al estudio de la sociolingüística y la obra del pensador ruso Mijaíl Bajtín.
Sus ficciones y ensayos han aparecido en diversos medios argentinos y extranjeros, especializados y de divulgación, como los diarios Clarín y Página12 de Buenos Aires, y las revistas ETC (revista de literatura y semiótica), Contexto, Puro Cuento, Tramas (revistas culturales), Cuadernos Hispanoamericanos (España). Desde 1976 está casada con el escritor y dramaturgo Abelardo Castillo

El país del viento
Un conjunto de nueve cuentos cuyos acontecimientos suceden en la Patagonia en diferentes momentos de la Historia. Temas como la integración del blanco y el indio, la inmigración, la lucha por la subsistencia, la amistad, la relación con la naturaleza, entre otros, están presentes en estos conmovedores relatos, escritos con la maestría de una gran cuentista.
En el sur del mundo
Tachuelas
La tormenta
Lila y las luces
24 kilos de oro
El Faro
Habla Kishé
Atardecer con sirenas
El Bohéme

El Parque
En la década del cincuenta, un Parque de Diversiones en una Buenos Aires paralela a la real alberga historias de amor folletinescas, persecuciones, episodios de humor disparatado y un inquietante secreto que el lector no develará hasta el final.Entre sus barracas y juegos se cruzan los alumnos de la Escuela del Miedo, el maestro Zorroarín, la bella Lisa, destinada a los hombres solitarios, Ezpeleta el inventor, el contador de historias Beauconseil y los inolvidables Carlino y Gioconda. El Parque funda un territorio mítico, que se enciende al caer la noche y donde los personajes acometen delirantes empresas sin saber que los espera un insospechado destino común. El Laberinto del Terror, La Rueda de la Fortuna, el Dancing Park ocultan un misterio al que sólo accederán los iniciados cuyo guía es el inescrutable Zorroarín.

El muchacho de los senos de goma
Un adolescente que se va de su casa para sobrevivir por su cuenta, un profesor de Filosofía enfrentado con sus propias contradicciones, una mujer traspasada por el dolor de una muerte y a contrapelo de la realidad cruzan imprevistamente sus destinos en una Buenos Aires donde ya se han instalado firmemente la pobreza, el desamparo y la picaresca de los buscavidas.
En el transcurso de este relato entrañable y singular, los personajes darán un giro a sus destinos, que se rozan entre sí sobre el telón de fondo de una ciudad por momentos festiva y humorística, por momentos sórdida y melancólica, siempre tan real como enigmática.
Escrita con la prosa diáfana y sutil que distingue a Sylvia Iparraguirre, la novela condensa en sus páginas las contradicciones del mundo urbano de hoy, atravesado por infinitos mensajes y donde, al mismo tiempo, la posibilidad de comunicarse encuentra sus límites y los personajes se enfrentan a la irreductible soledad de su condición.

La tierra del fuego
En 1830 se llevó a cabo un extraño experimento, que puso en contacto dos mundos alejados en el tiempo y en el espacio. Jemmy Button, indio yámana del Cabo de Hornos, fue trasladado a Londres por el navegante Fitz Roy, junto a otros compañeros, a fin de asimilarlos a la cultura británica. El contacto entre este "buen salvaje" y una ciudad en la cima del progreso pondrá en evidencia el fracaso de la empresa, que culminará, años después, en un insólito juicio en las islas Malvinas. La tierra del fuego son la memorias de John William Guevara, hijo bastardo de inglés y criolla. La ficción dispondrá en un encuentro en el remoto sur entre Guevara y Button. La inesperada fraternidad entre estos habitantes de los confines -la Pampa y la Tierra del Fuego- quedará sellada por una tragedia que la historia jamás atinó a reivindicar. Relato de caminos, de confluencias, La tierra del fuego incita a una lectura revisionista -el informe de ultramar, la crónica de viaje del siglo XIX- a la vez que, eminentemente actual, reflexiona sobre el acto de escritura. Una novela donde el rigor histórico no cede ante la fascinación de la palabra.

Lila y las luces

La orfandad
En 1926, un convicto llega a San Alfonso a cumplir su condena, una chica vive allí la incógnita de su historia. Sonia Reus y Bautista Pissano recorren caminos distintos que terminarán confluyendo en las calles de San Alfonso: la causa anarquista marca la vida de Pissano, la carencia y la búsqueda, la de Sonia. La orfandad es la entrañable historia de amor de dos seres solitarios, pero es además el relato de los modos de relación propios de un pueblo rural que deja oír las voces de sus habitantes –un universo de personajes visibles y anónimos, con sus peripecias y sus sencillas mitologías– y el imperioso rumor de los cambios que trae el avance del siglo. Esta notable novela recupera la pasión por narrar un mundo que sigue siendo el nuestro: una Argentina interior, donde se gestaron las realidades y los mitos que acompañarían nuestra historia contemporánea. Explorando la dimensión política en lo hondo de los personajes, este nuevo relato de la autora de La tierra del fuego muestra cómo el amor puede transmutar la pérdida, el abandono o la opresión. Y confirma el lugar privilegiado que entre nuestros narradores ocupa Sylvia Iparraguirre, quien nos entrega en este libro una de las más conmovedoras y hermosas historias de amor de la literatura argentina.

Encuentro con Munch
En octubre de 2000, la protagonista de esta historia —la propia autora— es invitada a ser madrina de un barco en Noruega, donde coincidentemente vive desde hace años su amiga de la infancia. Las peripecias de ese viaje inusual se le revelan al lector al mismo tiempo que a la viajera, quien lo hace su cómplice y su testigo.
Los aeropuertos, las escalas, las ciudades apenas entrevistas, los personajes ocasionales van marcando las etapas del relato, que llega, en Oslo, a un punto crucial: la visión de la obra de Edvard Munch, el gran pintor noruego.
Espacio de tránsito, de aventura y de reflexión, el viaje es contado paso a paso en una libreta. Y esa escritura justifica la travesía para la protagonista, quien ya de regreso volverá a esas notas para descifrar su significado. A caballo entre la autobiografía, la crónica y la ficción, este texto intenso, atrapante y original desafía las etiquetas del género y nos transmite una particular experiencia de libertad, de revelación y de encuentro con el sentido profundo del arte.

Probables lluvias por la noche
Dos mundos diversos se revelan en estos once cuentos, mundos que parecen necesitarse el uno al otro: el realista y el fantástico. Abandonados, pasionales, desahuciados, ávidos o esperanzados, siempre abiertos a lo imprevisto, los personajes de este libro se entregan a los misteriosos o violentos juegos que la realidad o su imaginación les proponen.
Un poeta desorbitado fascina a una joven estudiante de un pensionado de monjas. Un arqueólogo busca el alucinatorio origen del lenguaje. Una mujer aburrida es presa de un terrible encuentro en el tren nocturno. Una prostituta y una intelectual transmutan sus papeles. Una mujer lee su destino en una telenovela. Un hombre mayor escucha las voces de su infancia en una terraza de Barracas. Dos hermanitas aguardan en un hotel el regreso de sus padres, acechadas por un enigmático personaje.
Sylvia Iparraguirre ocupa un lugar privilegiado entre los narradores argentinos. Esta edición definitiva de Probables lluvias por la noche -que incluye dos cuentos nuevos- prueba una vez más su diáfano lenguaje, la manera sutil de construir personajes y climas, y confirma el talento narrativo de una escritora insoslayable.

En el invierno de las ciudades
Sólo al cabo de la lectura de estos trece cuentos se advierte que tal vez sean uno solo. Esta es una prueba de autenticidad, puesto que nadie puede ni reír ni llorar en dos o más notas distintas según a quien se tenga por delante, y escribir también es reír y llorar. En esta primer obra reunida, Sylvia Iparraguirre se ha propuesto lo más difícil: hacer que lo que no es lo aparente, narra aquello que no quiere que muera -la fugacidad de un encuentro, de un desencuentro, un silencioso ahogado llanto por un pecado venial quizá no cometido- con la vehemencia de quien traza un signo o una cifra en la corteza de un árbol que al cabo de un verano ya no estará o sólo será una cicatriz ajena e ilegible, todo está dicho de manera que no se note, como decir sin decirlo, habilidad sutil de los conductores de hombres y de las mujeres, y -lo cual es otro dato- nada ocurre fuera de los personajes, no hay menciones precisas de lugar o de paisaje y, sin embargo todos están ahí por flagrante omisión (o a mí se me antoja): esos pueblos bonaerenses intercambiables, misteriosos de tanto no serlo, como aquél de «Un lugar entre los médanos», porque durante la noche el viento los corre de lugar. Un escritor no tiene derecho a juzgar a otro, pero tiene el deber de dar una voz de advertencia cuando otro ha dado en el blanco. Y éste es el caso.

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