martes, 11 de marzo de 2014

Julio Llamazares

Julio Llamazares nació en el desaparecido pueblo de Vegamián (León) en 1955. Licenciado en Derecho, abandonó muy pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, ciudad donde reside.

Luna de lobos
Se centra en la peripecia humana de los combatientes republicanos que, en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil española, quedaron ocultos por los montes.
Tres existencias clandestinas, sumidas en el exilio de la oscuridad y de la naturaleza salvaje, acechan desde el silencio del monte lo que un día fueron sus casas, sus mujeres y su vida. El miedo es la única compañía que no abandona a los fugitivos, un miedo que incita a compartir ese estado de tensión permanente que hace esperar y temer que el sonido de la bala enemiga rompa por fin la angustia del silencio. Al tiempo que nos permite asistir a una página olvidada de nuestra historia, la epopeya anónima de estos tres hombres nos demuestra que la condena a vivir como una alimaña no conlleva necesariamente la pérdida de la grandeza humana.
Ramiro, Gildo y Ángel, tres soldados republicanos de León, huyen en plena noche de las represalias del frente victorioso que ha ocupado su tierra. Refugiados en el monte, siempre al abrigo de la oscuridad de las minas abandonadas, de las cuevas o de la noche, ven pasar los meses mientras tratan de encontrar la forma de sobrevivir y de escapar al infierno de la clandestinidad. De esta manera se manifiesta un instinto primario que puede llevar a un hombre acosado hacia la violencia.

El cielo de Madrid
En el último cuarto del siglo XX, en España se produjeron el final de la dictadura, la llegada de la democracia, el despertar al mundo y a la libertad, y nacieron y se abandonaron algunos sueños... En medio de esas turbulencias, Carlos y sus amigos, un grupo de artistas y escritores que, como tantos a lo largo de la historia, llegaron a Madrid buscando el triunfo, pasan de la inocencia a la madurez, de la juventud al éxito o al fracaso, y encuentran que ni el éxito ni el fracaso son como ellos se habían imaginado.
Crónica generacional, El cielo de Madrid es también una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad, que para el protagonista-narrador y sus amigos simbolizan el cielo de la ciudad y el que hay pintado en el techo del bar en que se reúnen todas las noches. Julio Llamazares regresa a la novela con esta historia que parece más soñada que real, como la ciudad que su protagonista pinta mientras la vive.

Tras-os-montes: un viaje a Portugal
Habrá en el mundo una tierra más pobre que ésta? Sí, Tras-Os-Montes, en Portugal. El viajero que protagoniza este recorrido por Portugal va creando, a su lento paso, una narración tan bella, tan hondamente humana, tan transida de comprensión que el lector transita, en su lectura, por el paisaje más rico: es decir, el del hombre.
Con esta obra centrada en la comarca de Tras-os-Montes, Julio Llamazares regresa a la literatura de viaje, donde su talento narrativo y su profunda capacidad de observación del paisaje brillan con toda su fuerza

Las lágrimas de San Lorenzo
Una emocionante historia sobre los paraísos e infiernos perdidos -padres e hijos, amantes y amigos, encuentros y despedidas- que recorren toda una vida entre la fugacidad del tiempo y los anclajes de la memoria.
«-Cada estrella que pasa —dijo Otto— es un verano de nuestra vida.
-No —le corrigió Nadia, su novia, sin dejar de mirar al cielo—. Cada estrella que pasa es una vida.»
Un profesor de universidad que ha rodado por Europa como una bola del desierto sin echar raíces en ningún lugar regresa a Ibiza, donde pasó sus mejores años de joven, para asistir junto con su hijo, del que vive separado hace ya tiempo, a la lluvia de estrellas de la mágica noche de San Lorenzo. La contemplación del cielo, el olor del campo y del mar y el recuerdo de los días pasados desatan en él la melancolía, pero también la imaginación.

La lluvia amarilla
`La lluvia amarilla` es el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Entre «la lluvia amarilla» de las hojas del otoño que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve, la voz del narrador, a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes desaparecidos del pueblo, que lo abandonaron o murieron, y nos enfrenta a los extravíos de su mente y a las discontinuidades de su percepción en el villorio fantasma del que se ha enseñoreado la soledad.
En el pueblo de Ainielle ya sólo quedan Andrés y Sabina. Poco a poco el matrimonio se ha visto obligado a ver cómo los demás habitantes, espoleados por la miseria o por la promesa de un mundo mejor, han abandonado gradualmente las duras condiciones de vida. Una noche, sin embargo, Andrés descubre a Sabina ahorcada en el molino. Ahora ya no queda nadie que pueda llevar con él el peso insoportable del pasado.

El río del olvido
Relato de un viaje por el Curueño, «el solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa», El río del olvido es también una descripción de un mundo que agonizaba cuando el viajero se echó al camino. A través de una prosa bella e intimista, Julio Llamazares nos muestra la fascinación de un paisaje que es a la vez espejo de su memoria, al tiempo que nos descubre unos personajes tan sorprendentes como irrepetibles. El río del olvido es, además, una magnífica reflexión sobre lo que significa el viaje: esa experiencia personal que se hace colectiva al relatarla.

Distintas formas de mirar el agua
«La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: `¡Qué bonito!` `Y qué triste`, añado yo.
En medio de un paisaje hermoso y desolador, la muerte del abuelo reúne a todos los miembros de una familia. Junto al pantano que anegó su hogar hace casi medio siglo y donde reposarán para siempre las cenizas de Domingo, cada uno reflexiona en silencio sobre su relación con él y con los demás, y sobre cómo el destierro marcó la existencia de todos ellos. Desde la abuela a la nieta más pequeña, desde el recuerdo de la aldea que los mayores se vieron obligados a abandonar a las historias y pensamientos de los más jóvenes, esta novela es el relato coral de unas vidas sin vuelta atrás, un caleidoscopio narrativo y teatral al que la superficie del pantano sirve de espejo. Y es que no existe una única forma de mirar el agua, si bien el sentimiento de desarraigo y de exilio definitivo ha permeado gota a gota a esta familia, generación tras generación, tal vez porque ningún lugar duele tanto como aquel al que jamás podrás volver si no es desde el recuerdo o una vez muerto. Pero lo importante es regresar, como Ulises a Ítaca. No importa cómo ni de qué forma.

El entierro de Genarín
El día de Jueves Santo de 1929, cuando Genaro Blanco Blanco moría atropellado por el primer camión de la limpieza que conoció la ciudad de León, dio comienzo una leyenda que continúa viva hasta nuestros días. Pellejero de profesión, habitual de los bajos fondos de la ciudad, devoto del orujo, de las timbas y de los prostíbulos, su muerte fue tan sonada que pronto se creó una cofradía integrada por poetas y bohemios de la noche y dedicada a honrar su memoria.
El entierro de Genarín es la crónica de esta leyenda, el evangelio apócrifo en el que se relatan la vida y los milagros del célebre pellejero, el irónico homenaje a un vividor que se ha convertido al pasar del tiempo en el santo de los borrachos y los bohemios.
Entre la picaresca y el esperpento literario, dos géneros típicamente españoles, Julio Llamazares traza en este libro —su primera obra narrativa, ilustrada con grabados del pintor Antonio Santos— un magnífico y divertido retrato de la insólita y provocadora procesión que cada noche de Jueves Santo recorre las calles de León.

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