jueves, 6 de febrero de 2014

Philippe Meirieu

Frankenstein Educador 
La historia de la educación está plagada por el mito de la fabricación de un ser humano nuevo. El doctor Frankenstein y su monstruo (como Pigmalión y su estatua, o Gepeto y su Pinocho) son ejemplos de esos de ensueños educativos que todavía hoy perduran en obras de ciencia-ficción. Philippe Meirieu, reconocida autoridad en pedagogía, parte del mito de Frankenstein para cuestionar la concepción de la educación como el proyecto de dominio del educando y de control completo de su destino. Expone qu esa perspectiva conduce a un fracaso destructivo, postula que el pedagogo, en vez de ponerse a "fabricar" a nadie, debe operar con las condiciones que permitan al otro "hacerse obra a sí mismo" (según fórmula de Pestalozzi ya en 1797), y ofrece proposiciones concretas orientadas a ese fin de educar sin "fabricar".

Provocar el deseo de aprender
“No nos podemos contentar con dar de beber a quienes ya tienen sed. También hay que dar sed a quienes no quieren beber”. Así reivindica este
pedagogo francés el derecho de todos los niños a aprender y la responsabilidad de los educadores de garantizarlo. No basta con enseñar. No basta con dar respuestas. Hay que provocar en los alumnos el deseo de aprender y de formularse preguntas. Y hacerlo codo con codo, acompañándolos a lo largo de toda la escolaridad y ayudándolos a encontrar tiempos de reflexión y concentración en una época en
la que están “sobre informados” y “sobreexcitados”.

El escritor y pedagogo francés Philippe Meirieu brindó esta conferencia el 30 de octubre de 2013, en el Palacio Sarmiento, como invitado especial del Ministerio de Educación de la Nación con motivo de la celebración de los 30 años de democracia en la Argentina.

Carta a un joven profesor: Por qué enseñar hoy - Philippe Meirieu
Para los jóvenes profesores y también para los demás... Para todos aquellos que están preocupados por el futuro de nuestra escuela. Para quienes no desean consumirse tratando de imponer disciplina, ni desmoronarse a causa de reformas ministeriales contradictorias y directrices oficiales esotéricas. Para quienes sienten el deseo de transmitir y la pasión de enseñar, para quienes se preguntan si no se han equivocado de profesión, o si no les engañaron cuando les hablaron de ella.
Índice:
Introducción: La dimensión oculta. · 1. Entre el amor a los alumnos y el amor al saber, no tenemos por qué elegir. · 2. Enseñamos para que los demás vivan la alegría de nuestros propios descubrimientos. · 3. Nuestro proyecto de transmisión no puede conciliarse con las presiones sociales que sufre la escuela. · 4. Queremos ser eficaces de verdad pero no a cualquier precio. · 5. En el centro de nuestra profesión: la exigencia. · 6. Una preocupación que no tiene por qué ruborizarnos: la disciplina en clase. · 7. Sea cual sea nuestro estatus, sean cuales sean nuestras disciplinas de enseñanza, todos somos «profesores de escuela». La escuela como institución del encuentro de la alteridad. La escuela como institución de la búsqueda de la verdad. La escuela como institución de una sociedad democrática. · Conclusión: Utópicos por vocación. · Conversaciones con jóvenes profesores

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