sábado, 8 de febrero de 2014

Copi (Raúl Damonte)

En 1962 se reunían en el Café de la Paix de París el español Fernando Arrabal (que acababa de abandonar el grupo surrealista hastiado del autoritarismo de André Breton), el chileno Alejandro Jodorowsky y el francés Roland Topor, para fundar el grupo de acciones teatrales Pánico (en referencia al dios Pan o Baco, el flautista ebrio de las celebraciones colectivas), al que pronto se incorporarían Copi (recién instalado en París, donde moriría el 14 de diciembre de 1987), Víctor García, Jorge Lavelli y el cordobés Jérôme (née Gerónimo) Savary.
Copi (Raúl Damonte) había nacido en Buenos Aires en 1939, hijo de Raúl Damonte Taborda y de la hija menor de Natalio Botana. Su abuelo era, pues, el legendario fundador y propietario del diario Crítica.
Su abuela, Salvadora Onrubias, una anarquista feminista conocida por su producción dramática que, según los memoriosos, ejerció mucha influencia en la carrera de su nieto y a quien éste le debe su apodo.
Uno de los núcleos estéticos alrededor de los cuales gira la producción teatral del grupo Pánico es lo monstruoso: una estética del freak -con el antecedente, muy en la memoria de Topor, Jodorowsky y Arrabal, del clásico de Tod Browning, Freaks (1932). Arrabal, por su lado, incorpora a la estética del grupo la tradición de los esperpentos de Valle-Inclán y las pesadillas de Goya. Las acciones teatrales del grupo Pánico (descriptos por la investigadora argentina Carmen Crouzeilles) se denominaban Efímeros Pánicos y, si bien fueron comparadas en su momento con los happenings, hay que recordar las palabras de Copi, para quien el happening es algo que me hace sudar frío. Es como si alguien entrara aquí y meara en la botella. Es odioso y vacío de historia. El happening es lo que no sucede.
Los Efímeros Pánicos, que podían durar varias horas y hasta días, se basaban en la improvisación a partir de un esquema argumental mínimo.
La profusión de utilería (instrumentos de odontología, miles de muñecas desmembradas, pedazos de carne) terminaba repartiéndose entre el público. A la obsesión temática por el freak y a la idea de celebración colectiva se sumaba, pues, toda una economía del don.
Disuelto el grupo Pánico (por su misma lógica autodestructiva), sus integrantes se negaron sistemáticamente a brindar testimonio sobre aquellos días de fiebre y peste teatral, con la sola excepción del falso francés Jérôme Savary, quien fundó, después de los sucesos de 1968, su compañía Grand Magic Circus. Poco antes del Mayo francés, Víctor García había invitado a Savary para que dirigiera la obra El laberinto, de Fernando Arrabal, la primera en la que Copi figura como actor acreditado (ya en su infancia argentina había participado en producciones de teatro escolar), desempeñando un personaje que no estaba en el original: un mudo que baila un tango con un canario gigante que pone un huevo.
Copi ya era bastante conocido como dibujante: desde 1964 publicaba la delirante tira La mujer sentada en Le Nouvel Observateur. Si su potencia creativa lo llevaría a convertirse en uno de los más grandes novelistas argentinos, con obras maestras como El uruguayo (1973), El baile de las locas (1976), La vida es un tango (1979) o La Internacional argentina (1987), antes tenía, todavía, que convertirse en el más grande autor teatral argentino de todos los tiempos.
Más allá del papel marginal que en él ocupó, lo cierto es que el Grand Magic Circus comienza y termina con Copi, como actor en El laberinto, y ya como autor en la última producción de la compañía, la ópera tango Good bye Mr. Freud (1974): la madre de Sigmund es lavandera en París. El azar la lleva al Kremlin, donde se enamora del zar de Rusia. Luego de hacerse sodomizar por un Marx (que no es Karl) y experimentar su primer orgasmo, huye a Chicago, donde instala un burdel.

El teatro del mundo
Por lo general mal leídas, las obras de Copi (que nacen del underground pero reclaman otra escena y otros públicos) han sido destinadas al placer de unos pocos iniciados. Así, su última pieza (la más política), se estrenó en mayo del año pasado con el patrocinio de la Secretaría de Cultura de la Nación, lo que generó un escándalo que hizo tambalear a un gobierno ya tambaleante. El radicalismo fue siempre víctima de su propia política cultural. Pocos meses después de la puesta en escena de Mahagonny de Brecht/ Weill en septiembre-octubre de 1988, Alfonsín tenía que huir de aquellas mismas fuerzas que la pieza denunciaba. Pocos meses después del estreno porteño de Cachafaz, De la Rúa se tomaba un helicóptero como consecuencia de una carnicería que, en algún punto, Cachafaz había prefigurado.
Precisamente para no convertir el teatro de Copi en un happening, para que pase algo, Cachafaz debería representarse hoy en las asambleas barriales, las concentraciones de piqueteros, las villas miseria y las pocas fábricas que quedan abiertas.
Toda la obra de Copi es muy sensible a las formas, pero particularmente Cachafaz, que parece haber sido escrita a la sombra de la sentencia de Rubén Darío, la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres.
Cachafaz es un compendio de todas las formas posibles: una ragedia bárbara en dos actos y en verso, efectivamente, pero también un texto de la gauchesca, una antología del tango, un sainete y, también, un panfleto revolucionario.

Las Viejas Travestis y otras infamias
La primera parte de este libro reúne un conjunto de siete cuentos aparecidos en Hara-Kiri. Siete cuentos que estallan como granadas, sin avisar, en la cara del lector; siete fábulas de suntuosa ignominia, de fúnebre hilaridad. El autor nos sumerge en un guiñol sangriento: viejas travestis con prótesis de parafina, una apócrifa Duquesa de Alba y su desventurado gigoló, una prostituta asesina, una criada que cena en La Coupole con una rata amaestrada, junto a Jean-Paul Sartre... A propósito de estos cuentos, Cavanna opinó en Charlie Hebdo: «Copi es el más insolente, más decadente, más desenvuelto, más imprevisible, más violento, más irritante, más maravilloso de los autores de este último cuarto de siglo».
A continuación, una extraordinaria novela corta, El uruguayo (quizá de lo mejor que Copi haya escrito), de la que Michel Cournot afirma: «Aun tratándose de un gran y maravilloso delirio, el libro de Copi, hay que advertirlo, nos pone un nudo en la garganta, porque es la primera vez que el exilio grita con todas sus fuerzas su amor y, a la vez, su odio hacia el país que ha dejado y hacia el país en el que se encuentra, él es el exilio...» Y prosigue: «Es un cuento gigantesco y maravilloso. Algo difícil de presentar, como todo lo que no tiene límites. Pero podéis ir allí, no exagero, ya veréis». Ya veréis.

El baile de las locas
Una vertiginosa historia: travesía de fronteras, escenarios, vestidos, géneros, crímenes y sexo, tanto sexo que casi termina por no verse. Y desde luego, una ironía constante disfraz y recelo de la tragedia que convierte en guiñol lo que para tantos escritores homosexuales fue un trabajoso decir a medias, y para tantos militantes gay la cosa más seria de la tierra. Pero, a las locas no se las puede tomar en serio. Son, escribió Guy Hocquenghem en una reseña sobre esta novela, animales prehistóricos, incrustados como espectáculo de otra época en un mundo que pasa de dramas de cocina, infancias paranoicas y elecciones de objeto del signo que sea. Las locas son ridículas por naturaleza, porque viven una vida novelesca en la realidad y queriendo sacar estilo de su miseria se convierten en las payasas de la moda. De ahí que el tratamiento de Copi resulte perfectamente adecuado a su objeto: una fuga hacia adelante que recorre los míticos paraísos de la escena gay, mezclada con un proceso de escritura que vuela de género en género, de retal de tema en retal de tema, para acompañar el viacrucis de ambientes e identificaciones que es la vida de toda loca. Quien pretenda acompañarle se asombrará de la poca consistencia de las clásicas tragedias gay leídas anteriormente.

Eva Peron
¿A qué serie pertenece el texto de Eva Perón, escrito en francés? A la literatura argentina, toda vez que en la traducción al español se proceda con la lógica que gobierna toda la pieza teatral: travestirla de lengua rioplatense.
Así, travestido de argentino, el texto integrará la serie que va de 'El simulacro' de Borges hasta 'Esa mujer' de Walsh, de 'Eva Perón en la hoguera' de Lamborghini hasta 'El cadáver de la Nación' de Perlongher, de 'La señora muerta' de Viñas hasta 'El único privilegiado' de Fresán, de las novelas de Mario Szichman (A las 20:25 la Señora entró en la inmortalidad), de Abel Posse (La pasión según Eva), de Guillermo Saccomano (Roberto y Eva. Historias de un amor argentino) o de Tomás Eloy Martínez (Santa Evita).
Confieso que a menudo, al traducir Eva Perón, sentí que Copi no había pensado la obra en francés sino en argentino, que un rumor de imágenes y voces argentinas lo frecuentaron y que para librarse de esos fantasmas demasiado urgentes los conjuró en otra lengua' Jorge Monteleone.

Cachafaz La Sombra de Wenceslao
La dramaturgia de Copi arranca de raíz todas las afirmaciones corrientes en torno de la definición de un teatro nacional. No en vano las historias del espectáculo argentino se empeñan todavía hoy en ignorarlo, como a tantos otros teatristas cosmopolitas o expulsados por el exilio. De allí el lugar esencial de Copi, la necesidad de su inclusión en el relato del teatro nacional, a la que colabora la presente edición.
La instalación definitiva de Copi en París cuando tenía apenas 22 años es, contra lo que puede suponerse, el argumento más contundente a favor de la argentinidad.
¿Teatro argentino escrito en Francia? ¿Teatro argentino, en francés? ¿Teatro argentino, desde la convenciones y el imaginario de la postvanguardia francesa? ¿Se puede reescribir la gauchesca, revisar el mito Evita, reinterpretar la simbólica del tango y demoler el Mundial de Futbol '78 y la dictadura, desde París? ¿Son argentinos la ferocidad, el absurdo, la violencia, el deseo, el desenmascaramiento, el canibalismo de las piezas teatrales de Copi? Por supuesto.
Cachafaz y La sombra de Wenceslao son dos piezas gauchescas, escritas en castellano, desopilantes ambas, aunque la primera es también trágica porque evoca desde el particular estilo de Copi la violencia sangrienta de las dictaduras argentina y uruguaya. [...]

Virginia Woolf Ataca de Nuevo
Virginia Woolf ataca de nuevo es una recopilación de cuentos del escritor argentino Raúl Damonte, conocido comúnmente bajo el seudónimo de Copi. El libro se publicó originalmente en Francia con el nombre de Virginia Woolf a encore frappé (como se puede observar en la portada del libro reseñado) en el año de 1983, esto debido a que el autor pasó la mayor parte de su vida en París y escribió casi la totalidad de su obra en francés.
Virginia Woolf ataca de nuevo es una obra narrativa que consta de siete cuentos de ficción bastante interesantes, relatos en los que se evidencia un gran derroche literario de calidad y originalidad que seducen desde la rapidez de su inicio, lo atrapante de su desarrollo y lo impredecible de su final. Esta es la penúltima obra de Copi y en ella se ve evidenciado su talento y estilo inconfundible, no sólo en la forma del escrito y la peculiaridad de sus temas, sino también en el diseño estético del libro. Solo con mirarlo nos encontramos con algo poco común en la literatura, la inclusión de caricaturas que desde su aparente desnudez y su corta viñeta nos impulsan a imaginarnos la historia que presenciaremos después. Sin duda alguna esta es una de las obras más representativas y menos criticadas del autor que sin olvidar los elementos básicos de la narración, el relato y el cuento, nos narra, relata y cuenta siete historias cargadas de ingenio, sátira e incluso algo de comedia que se entremezclan constantemente entre la ficción y la realidad, y que a pesar de tener cierta predilección de contenido por parte de Copi, no pretende ningún tipo de discriminación hacia el lector, que sin mucho esfuerzo puede disfrutar de un libro poco lineal y muy atrevido, sin ningún tipo de censura o temática tediosa. Además la sencillez y la rapidez típicas del caricaturista se hacen presentes aquí al exponer una narrativa con mucho sentido y pocos adornos, es un libro para todos los que gozan con una buena lectura y esperan encontrarse con una literatura poco ortodoxa y de forma bastante atrayente.

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