martes, 28 de enero de 2014

Rosemary Sutcliff

Rosemary Sutcliff (West Clandon, 1920 - Walberton, 1992). Viajó mucho en su niñez por la condición de oficial de la armada de su padre. Una enfermedad le acarreó el vivir en una silla de ruedas prácticamente toda su vida. Estudió Arte en la escuela de Bideford, y se dedicó a pintar miniaturas hasta que en 1950 comenzó a escribir.
Escribió novelas infantiles, de aventuras, biografías y fundamentalmente novelas de ficción histórica, caracterizadas por su escritura minuciosa y de gran calidad literaria, con mucha delicadeza y lirismo.

El Águila de la Novena Legión
En el año 117 d. C. la Novena Legión Hispánica se internó en las nieblas de Caledonia y entró en la leyenda, pues nadie tuvo nunca más noticia de ella ni de los hombres que la integraban. Veinte años después, Marco, hijo de unos centuriones de la desdichada legión, recala en Britania con su unidad de auxiliares galos. Grave mente herido durante un levantamiento de la población britana de origen celta, debe abandonar el servicio, pero se le presenta la oportunidad de correr la mayor aventura de su vida porque al norte del Muro de Adriano, entre las tribus todavía por conquistar, corre el rumor de que ha reaparecido un poderoso amuleto de guerra: el Águila de una legión romana. Sólo puede ser el Águila de la Novena y Marco se internará en las brumas del norte para arrebatar el trofeo a los bárbaros, devolver el honor a la legión de su padre y resolver el enigma de su misteriosa desaparición.

Desterrado
Atrapado entre britanos y romanos, un joven lucha por hallar su lugar en el mundo Único superviviente de un naufragio, Beric se crió en un poblado celta, aunque fue desde el principio un forastero. El viejo druida insistió en que llevaba la maldición del mar, y cuando años más tarde la muerte llega al poblado, los dedos a cusadores señalan al joven Beric. Desterrado por su tribu, Beric se queda sin familia ni amigos. Sin casa ni dinero, deberá sobrevivir por sus propios medios en el implacable mundo romano, en el que el peligro y la muerte acechan a cada vuelta del camino

Los guardianes de la luz
Un águila sin alas, un esclavo huido y una banda de perseguidos serán la última esperanza en Britania. La noche en que las Águilas abandonaron definitivamente la isla de Britania camino de la Galia brilló por última vez el faro de Rutupiae, sobre una ciudad desierta y un mar que quedaba en manos de los sajones, los lobos d el mar. Fue el último tributo de Aquila al mundo que dejaba atrás y un símbolo de la lucha que se iba a emprender por mantener viva la llama de la civilización en unos tiempos oscuros. Hijo de Britania y decurión de la caballería, Aquila decidió desertar de las legiones en el último instante, sabiendo que su lealtad estaba con Britania y no con Roma. De regreso a la casa de su padre, verá cómo también su hogar cae pasto de las llamas sajonas, su padre es asesinado, su hermana, secuestrada, y él, esclavizado por los saqueadores. Pero podrá huir y regresar para ayudar a Ambrosio, la última esperanza de los britanos, en su lucha contra el traidor Vortigern y sus aliados sajones. Serán años de lucha para mantener viva la llama de Roma en el extremo más alejado del Imperio, de cuyas cenizas surgirá el impulso para un nuevo renacimiento.

El usurpador del Imperio
El Imperio vive momentos peligrosos con todas sus fronteras amenazadas por los pueblos bárbaros. También Britania está bajo el constante asedio de los sajones. Pero contra ellos se ha erigido la voluntad del autoproclamado emperador Carausio que se ha apropiado de la púrpura imperial y que desea la supervivencia de la Britania romana. A su servicio se encuentra el cirujano militar Justino y su primo, el centurión Flavio. Por casualidad descubren una conspiración contra el emperador, urdida por su hombre de confianza Alecto, pero se ven desterrados a un lejano puesto fronterizo. Allí se enteran del asesinato de Carausio y de la entronización de un nuevo emperador, el usurpador Alecto. Temiendo por sus vidas, deciden huir y se integran en una red clandestina de agentes al servicio de Roma, con la que prepararán la llegada de las legiones del césar Constancio y el derrocamiento del usurpador. Con la ayuda de desertores y perseguidos, levantarán una vez más el estandarte de las Águilas para que el Imperio siga vivo en Britania durante algunos siglos más.

Los lobos de la frontera
Britania, 343 d.C. El Muro de Antonino hace tiempo que ha caído y el orden se va deteriorando poco a poco en el extremo septentrional del Imperio, más allá del Muro de Adriano. La protección frente a las tribus celtas y pictas proviene de una pequeña unidad avanzada de legionarios medio salvajes: los Lobos de la Frontera.
Alexios Flavio Aquila recibe el mando de esta unidad irregular y del puesto de Castellum, pero sabe que no se trata de una promoción, sino del final de su carrera. Una decisión errónea, al abandonar un fuerte en la frontera germana del Danubio durante un ataque bárbaro, costó la vida a la mitad de sus hombres, y si no hubiera sido por la influencia de su tío, gobernador del norte de Britania, ya no sería centurión ni legionario.
El fracaso y el privilegio no son una buena carta de presentación ante una tropa veterana y endurecida, de manera que su superviviencia dependerá de ganarse su respeto y convertirse él también en un Lobo de la Frontera. La paz de la frontera será rota por un ataque de celtas, pictos e irlandeses, de manera que Alexios tendrá que enfrentarse de nuevo a la decisión de resistir o retirarse para salvar a sus Lobos de la superioridad del enemigo y vovler a ganar el respeto de sus superiores.

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