lunes, 13 de enero de 2014

Fernando Fernán Gómez

Fernando Fernández Gómez, conocido artísticamente como Fernando Fernán Gómez (Lima, Perú, 28 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007), fue un escritor, actor, guionista, director de cine y de teatro español. Fue miembro de la Real Academia Española durante siete años, en la que ocupó el sillón B desde su ingreso (30 de enero de 2000) hasta su fallecimiento. Lo más probable, como él mismo escribe en sus memorias, es que naciese en Lima el 28 de agosto de 1921, por más que su partida de nacimiento indique que lo hizo en la capital argentina, Buenos Aires. La razón de esto responde a que su madre, la actriz de teatro Carola Fernán Gómez, estaba de gira por Sudamérica cuando nació en Lima, por lo que su partida de nacimiento fue expedida días más tarde en Argentina, nacionalidad que mantuvo, además de la española, que le fue otorgada en 1984. Hijo extramarital, su padre fue el también actor Luis Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero, hijo de María Guerrero, quien impidió el matrimonio entre los padres de Fernando Fernán Gómez. Tras algún trabajo escolar como actor, estudió Filosofía y Letras en Madrid, pero su verdadera vocación lo condujo al teatro. Durante la Guerra Civil, recibió clases en la Escuela de Actores de la CNT, debutando como profesional en 1938. A partir de 1984 vuelca su cada vez más intensa vocación literaria en la escritura de muy personales artículos en Diario 16 y el suplemento dominical de El País, produciendo además varios volúmenes de ensayos y once novelas, fuertemente autobiográficas unas e históricas otras. Su éxito más clamoroso lo obtuvo con una pieza teatral prontamente llevada al cine, Las bicicletas son para el verano, sobre sus recuerdos infantiles de la Guerra Civil.

Las bicicletas son para el verano
En el verano de 1936 estalla la Guerra Civil. En la ciudad de Madrid, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos, Manolita y Luisito, comparten la cotidianidad de la guerra con la criada y los vecinos del edificio. Luisito, a pesar de haber sido suspendido, quiere que su padre le compre una bicicleta. Pero la situación va a obligar a postergar la compra. Y el retraso, como la propia guerra, durará mucho más de lo esperado. El marido de Manolita muere a causa de una bomba, lo cual causa una gran desolación a la familia.
Con el telón de fondo de la Historia, Las bicicletas son para el verano presenta y representa la vida de un grupo de personas en el contexto de la guerra civil española. Su pretensión no es la de construir una tragedia o un drama desde el punto de vista de la épica, sino algo sencillo y cotidiano, donde las situaciones límite no lo parezcan. El dramaturgo pone ante nuestros ojos las repercusiones de la guerra en un microcosmos integrado por seres frágiles, indefensos, dueños tan sólo de un destino incierto.

El tiempo de los trenes
El tiempo de las trenes supone la vuelta a la novela de un autor dotado con una voz tierna, fuerte, profundamente evocadora, que nos traslada en esta obra a los añorados y ya casi perdidos tiempos en que los cómicos, creadores de ilusiones, protagonistas de innumerables vidas, viajaban en tren por la geografía española cargados de baúles en eternas turnés hoy matizadas por una nostalgia que la vuelve casi míticas.

El viaje a ninguna parte
El viaje a ninguna parte nos habla del ocaso del teatro ambulante en la España rural de principios de los años cincuenta, un tema ausente en la historia manuales y monografías sobre este periodo teatral.

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