sábado, 19 de octubre de 2013

Javier Lorenzo

Escritor y periodista español, Javier Lorenzo ha trabajado para medios como Cadena Ser o El Mundo, además de realizar guiones para televisión. 
Su primera novela, El último soldurio, se englobaría dentro del género de la novela histórica, al igual que la segunda, Las guardianas del tabú, en la que se adentra en el mundo cántabro durante su conflicto con la Antigua Roma.






El último soldurio
La apasionante historia del guerrero cántabro que defendió su tierra de los romanos hasta las últimas consecuencias
El último soldurio cuenta la historia de Corocotta, un guerrero cántabro que se vio favorecido desde niño por la «enfermedad de los dioses», la epilepsia, y cuya buena suerte le fue llevando desde su tierra natal a luchar junto a Julio César, de la lejana África a Gades, de Roma a Britania. Un guerrero capaz de renunciar a la ciudadanía romana por conservar sus raíces y lo más preciado, su tierra. Corocotta lideró, con las estrategias aprendidas del propio César, la última defensa de Cantabria frente al asedio de Augusto.
Mientras los hombres diseñaban tácticas para la lucha y regresaban victoriosos o tenían el honor de servir de pasto a los buitres, las mujeres regían la vida espiritual en los castros.
En una época en la que un rayo era una señal y una cuchara de madera todo un símbolo, la superstición se mezclaba con la sabiduría y las mujeres, en un aparente segundo plano, dictaban muchos de los destinos de los pueblos al participar con sus opiniones en las decisiones sobre la guerra e incluso al arriesgar su propia vida.
El poder matriarcal se refleja en las actitudes de las mujeres que rodean la vida de Corocotta: su madre, Nocica, la sacerdotisa, que lega la cuchara de madera a Urbina, su hija, y decide el momento de su propia muerte, su primera mujer, Azu, que abandona una vida próspera y tranquila en Numidia para seguirle a Gades, Severina, una romana ninfómana que no parará hasta envenenar con semillas de hiedra a Azu y al hijo que lleva dentro, e Imilce, su segunda mujer, el amor sereno y valiente que acompañará a Corocotta a enfrentarse con Augusto.

Las guardianas del tabú
La aventura épica de las mujeres que encabezaron la última resistencia cántabra frente a Roma en la península Ibérica
Tres años después de la derrota frente a las legiones de Augusto, tres años también después de que el caudillo Corocotta se presentara ante el emperador para cobrar la recompensa que había ofrecido por su cabeza, los pueblos cántabros volvieron a rebelarse encabezados por las guardianas del tabú, mujeres guerreras, que provocaron un levantamiento de esclavos en toda Hispania y en otras partes del Imperio Romano.

El error azul
Una devastadora guerra. Un gran amor no correspondido. Dos heridas imposibles de sanar. «Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez.» Éste es el comienzo de una preciosa novela que aúna lo terrible de la guerra con lo maravilloso del amor. El odio de dos hombres que aman a la misma mujer y a los que la guerra y su ideología han situado en bandos distintos frente a la delicadeza de los sentimientos puros y la admiración por la belleza. Amelia siempre fue una niña diferente a las demás. Para sus padres, temerosos de Dios y cumplidores de las estrictas normas sociales, esta diferencia se convirtió en un quebradero de cabeza. Sin embargo, para Martín, sobrino del boticario, y para Alberto, hijo del alcalde, Amelia era un ser perfecto, en sus formas y en su carácter. Con el tiempo, ella se decantó por Martín, el rebelde, ateo e inconformista. Y Alberto, ya convertido en el temido teniente Recuero, dedicó su vida y su carrera militar a destrozar la vida de Martín. La guerra civil se lo puso fácil, pues estaba en el bando ganador, y Martín, aunque casado con Amelia, no pudo compartir lecho con ella pues se vio obligado a vivir escondido en un hueco de la pared, oculto tras una cómoda del dormitorio. El teniente Recuero, aprovechando la presunta soledad de Amelia, no dejó de cortejarla mientras, a escondidas, ordenaba a sus hombres que la torturasen por si sabía algo de Martín. De los cortejos Amelia obtuvo un extraño regalo: un sello de valor incalculable que no podría vender sin la autorización de Alberto. Era su prueba de amor. De las torturas, Amelia obtuvo muchos golpes, mucho miedo y una preciosa cabeza rapada al cero. Era su prueba de odio. Mientras Martín se consumía oculto tras la cómoda, contemplando los cortejos y las torturas. Hasta que por fi n a Amelia le llegó la hora de su venganza

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