lunes, 30 de septiembre de 2013

Esther Sanz

imagenNací hace treinta y dos años en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), y aunque actualmente vivo en Castelldefels con mi hija y mi marido, mi vida está estrechamente ligada a Bellvitge, un barrio de esta localidad conocido por sus numerosos bloques de hormigón, parecidos a fichas de dominó. Allí viví hasta hace un par de años, y crecí feliz con mis dos hermanas y una multitud de niños de nuestra edad con los que compartimos juegos, ropa, libros... Quizá por la monotonía de ese paisaje gris, el contraste del verde de mis veranos en Regumiel de la Sierra me marcó de un modo especial y me ha inspirado en mi primera novela. 
Aunque casi llego a olvidarlo, siempre quise escribir e idear historias. De pequeña me inventaba las letras de las canciones, recitaba poesías de dudosa rima y escribía cuentos para que mis hermanas los ilustraran. Cuando mis padres recibían la visita de familiares o amigos, me subía a una silla y les soltaba todo mi repertorio, con una voz desafinada y demasiado ronca para mi edad. A los siete años gané un concurso literario en el colegio y me hizo tanta ilusión que decidí que de mayor sería escritora. Una sucesión de trabajos y situaciones grises hizo que, de adulta, olvidara mi sueño de contar historias. Y no fue hasta que conocí a Francesc (escritor y colaborador de la editorial en la que trabajo) que me contagió su entusiasmo por escribir y me animé a hacerlo, primero con cuentos y relatos cortos y finalmente con esta novela. 
Negada para las matemáticas y las ciencias, a los diecisiete años me inscribí en la facultad de periodismo. Sin embargo, no fue hasta años después de licenciarme y compaginar distintos empleos ocasionales (de camarera, teleoperadora o redactora free lance...) que conseguí mi primer trabajo en un importante grupo de comunicación. Actualmente trabajo como editora en un sello de libros prácticos y he publicado bajo seudónimo varias obras de autoayuda. 
Mi primera novela romántica me llegó a través de mi amiga Ángeles. Era una novela de cien páginas de Jazmín. No recuerdo el título ni la autora, pero el argumento y los personajes me cautivaron tanto que fantaseé con la idea de escribir algún día una historia de ese tipo. Un año después, llegaron a mis manos Cumbres borrascosas y Una rosa en invierno, dos novelas muy distintas pero que me apasionaron por igual y me engancharon durante años a este género. 
Se dieron varias circunstancias que me impulsaron a escribir esta historia romántica. Hace un año, en una comida de trabajo, me senté al lado de una ilustradora que acababa de entregar el encargo de unas acuarelas de flores y empezamos a hablar sobre el amor y las relaciones de pareja. Esa misma tarde, paseando por mi barrio vi un ramo flotando sobre un charco y empecé a idear la historia. 
Una semana después mi amigo Francesc me preguntó sobre mis propósitos para el año nuevo y le dije convencida: “Escribir una novela”. Estaba embarazada de cuatro meses cuando plasmé la primera línea en el papel y aunque la lógica imponía un descanso después de mi jornada laboral en la editorial, cuando llegaba a casa no podía parar de escribir. Mi hija Martina, desde mi interior, me daba la fuerza que necesitaba para cumplir mi sueño. Mis dos hermanas acabaron de impulsarme leyendo animadas, por entregas, las aventuras de mis personajes.

Violeta, una joven ilustradora, ha llegado a un callejón sin salida: su vida de pareja se ha ido marchitando como una flor sin agua y ya no tiene fuerzas para salvarla. Para airearse y aclarar sus ideas, acepta una insólita invitación: pasar unos días en una casa rural castellana con unos antiguos compañeros de escuela a lo s que no ve desde hace más de diez años. Además de completar allí el encargo de unas acuarelas de flores, la protagonista de esta tierna historia se verá enfrentada a los fantasmas de su pasado. Entre ellos destaca Mario, un amor de la infancia que cobra más fuerza cada día que comparten en la casa. Bajo una lluvia constante, que hará germinar en ellos un sentimiento largamente dormido, Violeta deberá decidir si escucha lo que le dicta su corazón o retoma su vida en el punto de partida de aquel viaje.

Olivia, una joven editora de libros de superación personal, va a publicar Los siete soles de la felicidad, un libro de autoayuda con millones de ejemplares vendidos en USA. El autor es Jon Sunman, un gurú americano que anuncia de improviso su visita a Barcelona. Mientras Olivia se deja cautivar por el seductor Sunman, un n uevo jugador irrumpe en el tablero de la pasión. Javier, un atractivo traductor y pianista aficionado que ha trabajado en la versión final de Los siete soles de la felicidad y que siente desprecio por el gurú. Decidido a conquistarla, Javier competirá por el amor de una Olivia cada vez más desencantada con la supuesta sabiduría del maestro. Atrapada en un triángulo de pasiones, arropada por el rutilante paisaje de una Barcelona elegante y moderna, la protagonista se sumerge en una gran aventura que la llevará a conocerse a sí misma y, tal vez, a encontrar el amor de su vida.

Cuando el destino cierra una puerta, el corazón abre otra… Ahora que por fin han desaparecido las amenazas que ponían en peligro el secreto del bosque, Clara ha regresado a Colmenar y trata de acostumbrarse a la tranquilidad de la vida rural, mientras planea trasladarse a la aldea de los inmortales con Bosco. Hace cuatro meses que no se ven, y a Clara la espera se le está haciendo eterna… Pero cuando finalmente llega el momento que tanto ha anhelado, las cosas no suceden precisamente como ella había imaginado. Un descubrimiento inesperado abre un abismo que la separa irremediablemente de Bosco y pone fin a la relación de forma precipitada… Muy pronto, en un intento de poner tierra de por medio cuanto antes, Clara decidirá viajar a la ciudad del Renacimiento, Florencia, desde donde le han llegado noticias algo extrañas de Robin…

Hay lugares de los que es imposible huir, hay huellas que perduran para siempre.Clara vive en Londres con una nueva identidad. Ha renunciado a su antigua vida, a su padre, a la Dehesa, para proteger el secreto de Bosco. Ahora debe aprender a vivir sin él?Aunque al principio le parece imposible, poco a poco va acostumbrándos e a la ciudad, a las clases y a sus nuevos amigos, y empieza a sentirse una chica normal. Sin embargo, de cuando en cuando un extraño presentimiento le recorre el espinazo y pone en alerta todos sus sentidos, como si su cuerpo fuese capaz de detectar el peligro, como si su corazón no la dejase olvidar? y la empujase a volver.

El bosque de los corazones dormidos
Tras la muerte de su abuela, Clara se ve obligada a dejar Barcelona para trasladarse a Colmenar, un pequeño pueblo de montaña donde reside el único familiar que le queda con vida. Apenas se conocen, pero tendrán que convivir un año entero, hasta que Clara cumpla los dieciocho. Lejos de su casa y de su mundo, Clara deberá enf rentarse a sí misma y a sus propios fantasmas, y mientras desentierra viejos secretos familiares, dos chicos totalmente diferentes, Braulio y Bosco, despertarán a la magia de su corazón dormido... con consecuencias imprevisibles.

Si el amor es una isla
El título hace referencia al escenario de esta historia: un islote del canal de la Mancha donde la joven Luisa ha encontrado un empleo para costear el tratamiento médico de su padre. Para ello trabajará en Silence Hill, un hotel victoriano regido por un joven y enigmático aristócrata que convertirá su nueva vida en un peligroso juego. La aventura, el misterio y el amor se dan la mano en esta narración con constantes giros y una ambientación inolvidable.

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